El origen del cultivo del olivo es incierto. Existen dos hipótesis sobre su procedencia, una que postula que proviene de Siria, Líbano e Israel y otra que considera que el cultivo es originario de Asia menor.
Lo que si parece estar probado es que la llegada a Europa tuvo lugar hacia el año 1050 AC de mano de los fenicios. Los olivos primero se introdujeron en Chipre, Creta y las islas del mar Egeo, pasando más tarde a Grecia y a Italia. Los primeros indicios de la presencia del olivo en las costas mediterráneas españolas coinciden con el dominio romano, aunque fueron posteriormente los árabes los que impulsaron realmente su cultivo en Andalucía.
A pesar de que hoy en día se pueden encontrar olivos en todo el mundo, el mediterráneo sigue siendo la zona dónde se concentra la mayor parte de la producción, siendo actualmente España el país con más olivos y mayor producción de aceite de oliva del mundo.